
REFORMULACIÓN DE NARCISO
De ser pez en el abismo, habría
De golpear con saña la lira de mi espina
Para oírme la carne, la sangre y el aliento,
Miguel Ángel Ortiz Albero, de 5.
(Escupí y el suelo se hizo lágrima,
Lloré piedras y éstas atravesaron el espejo, formando un charco de silencio abusado).
Pregunté
A quién pertenece el reflejo que recibo cada vez que me asomo a la muerte.
El éxtasis de la mentira no dura siempre, por eso no quise ser ángel ni batir mis alas
en vuelo hacia la nada.
No me reconozco en lo que nado. Quisiera ahogar el trazo del miedo cuando es el miedo el que escribe. Mover a la vez que la palabra, los brazos, y no hundirme de tan débil.
Pregunté
Cómo caer dos veces por la misma lágrima, llorarlo todo dos veces para emerger del recuerdo envenenado que la amnesia deja. Cómo cruzar dos veces el mismo río.
Y después
Cómo nadar sin que el agua borre lo que ya he nadado.
En el espejo descubro el reflejo de otra muerte; en mis piernas las líneas del dolor diluido en agua. En mis rodillas los golpes de quien se postra ante la angustia.
Son violentas mis brazadas porque siento que no sé dejar atrás a la que desnuda nada, y aterida.
Hasta dónde el llanto, hasta dónde mi cuerpo.
Pregunto
Si voy escupiendo lágrimas, cuántas piedras dejaron de ser inertes, qué ríos han nacido desde mí. Hacia qué otras aguas me diluyo.
Como el suicida que se gira tras la palabra y regresa a la muerte, en qué nube debo bajarme.
Mientras
El agua marca surcos de sequía en mi piel, las arrugas que habrán de envejecerme de por vida.
De ser pez en el abismo, habría
De golpear con saña la lira de mi espina
Para oírme la carne, la sangre y el aliento,
Miguel Ángel Ortiz Albero, de 5.
(Escupí y el suelo se hizo lágrima,
Lloré piedras y éstas atravesaron el espejo, formando un charco de silencio abusado).
Pregunté
A quién pertenece el reflejo que recibo cada vez que me asomo a la muerte.
El éxtasis de la mentira no dura siempre, por eso no quise ser ángel ni batir mis alas
en vuelo hacia la nada.
No me reconozco en lo que nado. Quisiera ahogar el trazo del miedo cuando es el miedo el que escribe. Mover a la vez que la palabra, los brazos, y no hundirme de tan débil.
Pregunté
Cómo caer dos veces por la misma lágrima, llorarlo todo dos veces para emerger del recuerdo envenenado que la amnesia deja. Cómo cruzar dos veces el mismo río.
Y después
Cómo nadar sin que el agua borre lo que ya he nadado.
En el espejo descubro el reflejo de otra muerte; en mis piernas las líneas del dolor diluido en agua. En mis rodillas los golpes de quien se postra ante la angustia.
Son violentas mis brazadas porque siento que no sé dejar atrás a la que desnuda nada, y aterida.
Hasta dónde el llanto, hasta dónde mi cuerpo.
Pregunto
Si voy escupiendo lágrimas, cuántas piedras dejaron de ser inertes, qué ríos han nacido desde mí. Hacia qué otras aguas me diluyo.
Como el suicida que se gira tras la palabra y regresa a la muerte, en qué nube debo bajarme.
Mientras
El agua marca surcos de sequía en mi piel, las arrugas que habrán de envejecerme de por vida.
Ana Muñoz, posee pese a su extrema juventud, una voz poética poderosa que aniquilia la libertad de la palabra sin que se note, NUNCA, ese cautiverio al que la somete. Hoy he tenido la enorme suerte de poder poner este poema suyo. No será el último, porque a mí como aprendiz de poeta me hacen falta poemas como los de Ana Muñoz.
La bailarina que aparece en la foto es: Ingrid Magrinyá
2 comentarios:
Si voy escupiendo lágrimas, cuántas piedras dejaron de ser inertes, qué ríos han nacido desde mí. Hacia qué otras aguas me diluyo.
Estupendo poema.
Besos
Alba
Alba, Ana es una personalísima poeta y eso no le traerá más que ventajas y logros.
Un abrazo.
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