
Por fin ha llegado el verano, pero no el que anuncia el calendario cada 21 de junio, sino el de verdad, el que dará con mis huesos en alguna playa, lo más remota posible, lo más alejada del verano. Así que la señorita que juega con su revólver desaparecerá durante algunos días. Cerrará su casa y rezará, si ella algunas veces también reza, para que los ladrones no se den cuenta de que se ha ido y recuperar su lugar cuando se acerque la próxima estación. Por eso para este stand by veraniego escojo un texto del nuevo libro de mi querido Rodolfo Serrano, ya sabéis, ese poeta, periodista y ser humano que sabe mirar. El libro es una joya. Fresco, emotivo y escrito con una prosa dinámica que le da la mano al lector para que pasee por esos lugares que menciona y acciona Rodolfo en cada una de sus páginas. Os dejo un texto y os animo a que no dejéis pasar la lectura de este libro perfecto para cualquier época del año, pero sobre todo para este verano en el que se presienten tardes de canícula feroz que nos impedirá los paseos. Rodolfo nos saca a pasear, nos llena el estómago y el corazón. ¿Te lo vas a perder? Yo que tú no lo haría forastero.
Podría haber escogido cualquiera de los textos que aparecen en el libro pero tenía que ser éste que habla de mi barrio, porque aunque yo nací en Palomeras Altas y no Bajas, también pertenezco a una familia que ayudó a hacer casas durante la noche. Sé que os gustará. Feliz verano a todos.
UN BARRIO CONSTRUIDO DE NOCHE
Las leyendas no tienen por qué ser verdad. Basta con que sean hermosas. Aquí hubo barro. Y desesperación. Y humedad. Justo donde hoy se levanta el edificio de la máxima representatividad de los madrileños, la Asamblea de Madrid, estuvo Palomeras Bajas.
Se levantó en los años cincuenta y sesenta por emigrantes de Andalucía, Extremadura y las dos Castillas, que venían a buscar una oportunidad en las obras de construcción de la capital.
Eran campos de trigo, huertas verdes. Luego hubo cines de verano, noches al fresco, bailes de domingo. Y casas, casas de humedad, pequeñas, asfixiantes. De ello saben Los Mellis, Pitito, Pepe el Bruto, Enrique, Mari y tantos otros. Luego el barrio cambió. Y llegó la Asamblea de Madrid como reconocimiento tal vez al esfuerzo y a la gente de entonces.
En aquellos años, si la casa se construía de noche, si a la mañana siguiente se había cubierto aguas(el tejado), la policía no tiraba la casa.
Así que hombres, mujeres y niños trabajaban afanosamente para que a las primeras luces la casa estuviera levantada, aunque fuera sin cimientos.
Se metía una cama y unas mantas y se acostaba a los niños. Todo en un intento de llegar al duro corazón de los municipales. Cuenta la leyenda que un domingo vino una cuadrilla de la Policía Municipal para tirar una chabolas. Y dice la leyenda que el Padre Llanos, que estaba al otro lado de la vía, se presentó y les prohibió que derribaran las cuatro paredes recién levantadas.
Utilizó un argumento incontestable.
Les dijo que el Caudillo había prohibido trabajar en domingo, salvo permiso del párroco. Y, como él era el párroco, no daba permiso. Dicen que se marcharon. Y que la casa quedó en pie.
Una leyenda. Posiblemente una leyenda.
* Fragmento extraído del libro "Historias de Madrid" escrito por Rodolfo Serrano y publicado por Ex-Libris y Pequod, compañía librera. Os dejo los enlaces para que podáis haceros con él: