EL SUSURRO DE LA CARACOLA. MÁXIM HUERTA. MARTÍNEZ ROCA. 255 PÁGINAS
Desde que salió he tenido una deuda pendiente con esta novela. La leí y asumí la deuda. Entonces no me dijo nada. Nos tratábamos como se tratarían una mujer muda y una mujer sorda a la que nadie les hubiese enseñado el lenguaje de signos. Afortunadamente el verano siempre llega y la falta de novedades literarias y me respeto por el siempre impecable Máxim Huerta, volvió a poner la novela frente a mis ojos. Y me senté a releer y a redescrubrir que la genética es sin duda la mujer con mejor sentido de la orientación que existe. La genética siempre te encuentra y no duda en exhibir todo el territorio que te forma mientras tú crees que lo único que haces son movimientos insignificantes, movimientos naturales de la especie a la que perteneces. Aparentemente sencilla y con ese ritmo único que maneja tus brazos mientras devanas una madeja de lana va avanzando la historia, una historia que deja claro que la infancia marca el lugar real que ocuparás el resto de tu vida, la intensidad de tu vida pública y sobre todo la realidad de la vida privada de cada uno. Para mí, de eso habla la novela de Máxim Huerta del lugar al que te lanzan los pasos de la infancia, ese trampolín en ocasiones mortal que forman los que rodean tu cuerpo cuando éste va creciendo ajeno a ti, lejos de la voluntad, del corazón y de la razón. De ese salto que te convierte en un personaje de esa divina comedia que es la vida. Mientras crecemos nos hacen pensar que habitaremos cada una de las cánticas, pero llega un momento en el que sabemos que el alimento principal de cada ser humano es el infierno. Begoña/Ángeles lo sabe , pero se aprovecha de esas horas bajas que de vez en cuando también vive el infierno y se siente alegre y se siente capaz de todo, aunque sepa que la genética es y será siempre la dueña de todos los destinos. Así que nos encontramos frente a una novela intensa, que en ocasiones peca de alimentar las páginas con frases que están a punto de ser fagocitadas por ese lado sensiblero que si no se tiene cuidado exhala cada palabra. Sin embargo diré que pese a eso, me ha recordado en algunos momentos su atmósfera a la de novelas como "Irse de casa" o "Nada" a pesar de que fondo y forma no tienen que ver. Está claro que el Sr. Huerta sabe de puesta en escena, de carne y piel de personas y personajes. Por eso no podía y no quería perseverar en este desencuentro. Indicada para los añoradores de las grandes escritoras de la generación de los cincuenta y para aquellos que echen de menos las primeras novelas de Almudena Grandes.
Algunas frases son soberbias:
"Dios y el diablo estaban juntos en cada una de las palabras"
"Una canción a destiempo destroza"
Me alegra mucho haber acabado la guerra con esta novela. Ahora a esperar la próxima.