
EJÉRCITO ENEMIGO.ALBERTO OLMOS.MONDADORI.279 PÁGINAS
Ser justo o injusto con un libro que acabamos de leer es sólo culpa de quien lo haya escrito. Al principio pensé que era yo quien fallaba, que mi falibilidad venía de la mano de mi incompetencia. Hoy, después de leer este libro, llego a la conclusión de que mi siempre temida rareza tiene sólo que ver con la caradura de algunos autores y de algunos críticos. Por eso cuando sobre mi mano derecha,( a veces me gustaría ser zurda para entender a ese demonio que una antigua religiosa de mi adolescencia decía que poséia a los niños y niñas zurdos) ha quedado pegado el número 279 , el que indicaba el final de este esperpento he pensado en la suerte que tengo de ser diestra(a pesar de lo sexy que encuentro al diablo) porque creo que sin saberlo a los diestros nos invade un lucidez especial para detectar a los impostores. Y no me refiero al señor Olmos, que escribe lo que quiere y como quiere sino a los críticos que han permitido con sus elogios y sus crueles mentiras el autor de esta novela haya aborrecido los puntos cardinales de la literatura. Me explicaré. La novela no empieza mal a pesar de que en la página 20 ya quisiera desentenderme de ella. Y va progresando entre golpes absurdos del protagonista contra una pared invisible, hasta que de tanto golpe la locura se apodera de sus movimientos, de sus frases y de la lógica de la historia. 279 páginas de historia ilógica no hay quien las aguante. Me da igual que Granta, la sacrosanta revista que encumbra a monstruos literarios(pero no porque lo sean como literatos sino porque su nómina la engrosan esperpentos que no hay quien se los crea. Yo por ejemplo es escuchar : este tipo ha sido elegido por la revista Granta como mejor...Y es no volver a querer saber nada de esa persona) haya encunbrado a Olmos. A mí no me gusta y ya está, estoy en mi derecho de disentir de los gusto de Granta, no? Y eso que al leer a Olmos se detecta que es un autor que conoce la literatura, culto, mucho, cultureta, también, que conoce el poder que la asociación de algunas palabras provoca en los lectores y se aprovecha de ese don y nos regala frases de esas que acaban con la dureza de los músculos que sostienen el libro hasta que el libro se nos cae, pero es un embarullador nato. Algo así como un niño al que su mama no le dejó decir, culo, pedo, pis cuando era pequeño y ahora nos asfixia, a los que nos hemos gastado el dinero en comprar sus libros, con una sobredosis de escenas escabrosas sin sentido, al menos para el sentido lógico del comienzo de esta historia y para su final. Muy ocupado del Principio y del desenlace se ha olvidado que el nudo debe tener una intriseca relación con Principio y desenlace. Quizás es que yo haya sufrido durante este largo fin de semana un problema de visión, quizás la ceguera me haya agriado el humor, quizás aún continue estando ciega mientras escribo estás líneas. Si es así que el autor me perdone y si no lo es que me ponga en su lista negra para siempre como yo haré con él. Dicho todo esto acabaré diciendo que su novela, tan elogiada por la crítica y los intelectuales de este país, es la peor novela que he leído en lo que llevamos vivido de siglo XXI. Ojalá después de Ejército enemigo Dios me libre de Alberto Olmos como yo voy a librarle a él de mí.











